Días aciagos y llenos de sinsabores vivimos ahora quienes trabajamos en esta institución otrora líder no sólo en la propuesta metodológica si no también en el manejo del factor humano, motor de todo barco que desee llevar su carga estudiantil a buen puerto. ¿A dónde llegaremos por el camino plagado de obstáculos sembrados por la alta gerencia para frenar a su propia gente?, ¿por qué optar por el camino ya obsoleto de la presión incesante cuando el mundo laboral va por la senda del incremento de productividad a través de la motivación al trabajador?, ¿es que la pérdida de brújula que sufre la gerencia desde hace ya un tiempo terminará por matar a nuestro instituto al que ahora muchos trabajadores antiguos se refieren con nostalgia como el instituto que alguna vez quisieron?.
Todas éstas y otras interrogantes pueden ser respondidas sólo haciendo un mea culpa gerencial que lleve al replanteo de la decisiones gerenciales desde su filosofía misma. Se torna entonces más que oportuna la colaboración del artículo invitado que les traemos en esta edición ya que nos trae un comparativo en paralelo ágil y dinámico, abogando así por el retorno de todo lo bueno que tuvimos años ha y que fue arrasado por los improntus del capricho premunido de poder que nos gerencia ahora.
Artículo Invitado
NOCHE Y DIA
¡Las comparaciones son odiosas! ¿Cuan a menudo hemos aplicado esa expresión a nuestras propias experiencias de vida? Pero nada puede demostrar esta verdad subyacente más convincentemente como cuando la comparación se hace entre la calidad de vida en el ICPNA cuando prosperaba tiempo atrás, y la vida tal como existe en el presente. Cualquier veterano, como yo, en el ICPNA puede refrendar en toda su extensión la veracidad de mi afirmación. El presente régimen ha perdido de vista la noble visión que alguna vez penetró todos los rincones del alma de la institución y, en su lugar, ha cubierto con su sombra ominosa el ahora espíritu vacilante que en tiempos atrás prevalecía inquebrantable en todo su esplendor. Abundan los ejemplos:
¡Las comparaciones son odiosas! ¿Cuan a menudo hemos aplicado esa expresión a nuestras propias experiencias de vida? Pero nada puede demostrar esta verdad subyacente más convincentemente como cuando la comparación se hace entre la calidad de vida en el ICPNA cuando prosperaba tiempo atrás, y la vida tal como existe en el presente. Cualquier veterano, como yo, en el ICPNA puede refrendar en toda su extensión la veracidad de mi afirmación. El presente régimen ha perdido de vista la noble visión que alguna vez penetró todos los rincones del alma de la institución y, en su lugar, ha cubierto con su sombra ominosa el ahora espíritu vacilante que en tiempos atrás prevalecía inquebrantable en todo su esplendor. Abundan los ejemplos:
EN
TONCES:
Había una libertad de expresión aceptable. Los profesores y el personal podían decir lo que pensaban sin temor a represalias. Aun cuando sus opiniones no eran necesariamente compartidas, eran respetadas. Los profesores no eran renuentes a hablar. Sus ideas eran bienvenidas.
Había una libertad de expresión aceptable. Los profesores y el personal podían decir lo que pensaban sin temor a represalias. Aun cuando sus opiniones no eran necesariamente compartidas, eran respetadas. Los profesores no eran renuentes a hablar. Sus ideas eran bienvenidas.
A
HORA:
La administración mira desdeñosamente por encima del hombro a cualquiera que critique sus políticas. El personal está virtualmente amordazado e inclusive amenazado con ser despedido si tal comportamiento persiste. Algunos han sido despedidos una vez que su liquidación fue cancelada.
La administración mira desdeñosamente por encima del hombro a cualquiera que critique sus políticas. El personal está virtualmente amordazado e inclusive amenazado con ser despedido si tal comportamiento persiste. Algunos han sido despedidos una vez que su liquidación fue cancelada.
La institución, en conjunción con las disposiciones gubernamentales, despidió trabajadores SÓLO cuando se probaba que eran culpables de una infracción seria. Consideraciones éticas, y no económicas, eran la base para la toma de decisiones. Los años de servicio, la integridad y los derechos del trabajador eran cuidadosamente salvaguardados por la institución.
Una entidad tiene la opción de aplicar o no legislación real que infringe drásticamente los derechos de los trabajadores. La administración ICPNA ha utilizado con avaricia esta puerta legal a fin de establecer causales de despido contra buenos trabajadores basados exclusivamente en razones económicas, lo que establece una brecha con la anunciada visión y misión de la institución.
Existía una relación estrecha entre los profesores y el departamento académico. Los supervisores recorrían los pasadizos no sólo para controlar asistencia y puntualidad, como es su obligación, si no también para intercambiar saludos y establecer una relación realmente armoniosa con los profesores.
La vida del profesor ha sido mecanizada en demasiadas instancias. Los profesores tienen que responder a computadoras insensibles en lugar de superiores corteses y serviciales. Un profesor tiene primero que reportarse a una computadora en lugar de hacerlo con los alumnos que ya se encuentren presentes en clase.
Los profesores tenían programados por lo menos dos días libres entre ciclos, días que eran más que merecidos y necesarios. Enseñar es una ardua labor. El método comunicativo, con su constante requerimiento de esfuerzo para el manejo de clase, determina este factor. Los profesores están en escena por horas día tras día por lo que requieren tiempo para reflexionar y renovar energías.
Un día de descanso entero entre ciclos ha sido retirado de la programación y, muy a menudo, inclusive ese único día de descanso es utilizado para conferencias y talleres. Todo el mundo es conciente de la necesidad de Desarrollo Profesional, pero éste no debe ser llevado al extremo. Un momento para pensar y reflexionar, llámenle meta cognición si desean, mejora el desarrollo profesional.
Los profesores recibían el apoyo de la institución y del departamento académico. Los errores y problemas de comportamiento eran tratados de manera paternal y profesional. Sólo en casos extremos se requería el uso de medidas drásticas. Los asuntos que requerían la atención del departamento académico se mantenían bajo el dominio exclusivo del mismo. Normalmente no era necesario reportar nada a administración.
Tal parece que existe la mentalidad de registrar la mayor cantidad posible de puntos en contra en el récord del profesor. Por ejemplo, uno de los más grandes absurdos, en mi opinión, es la suspensión de profesores que cometen un error involuntario en el cálculo de promedios. Profesores con cuatro clases tendrían que registrar 100 promedios dentro de un tiempo irracionalmente limitado. La sanción es criminal, por decir lo menos.
Las clases eran asignadas eficientemente por el personal de oficina académica. ¿Quién mejor que los supervisores para conocer las habilidades, limitaciones y preferencias de cada profesor? ¿Quién mejor que los supervisores para realizar los cambios y ajustes necesarios al principio de cada ciclo? ¿Quién mejor que los supervisores para brindar ayuda y consejo?
La asignación de clases es una responsabilidad que ha sido discutiblemente pasada a administración. No puedo entender cómo esta obligación y otras de carácter similar han sido entregadas a personas que poseen una notoria limitación del inglés, aún mayor limitación en el entendimiento de la metodología utilizada y sólo un contacto casual con el rendimiento de un profesor.
Siempre y cuando el alumno tuviera un original del libro de texto, no existía obligación de comprar el mismo libro. Los textos no estaban incluidos en la pensión. Había preocupación por la situación deficitaria de la economía del estudiante.
Aparte de unas pocas excepciones, el costo del libro de texto ha sido agregado a la matrícula. La compra es requerida aunque el alumno ya posea un texto original. Los alumnos ya no pueden comprar o intercambiar libros entre ellos.
Los libros de texto eran vendidos completos. Los alumnos que lo desearan podían guardar los libros completos para referencia futura.
Los libros de texto son cortados y divididos de acuerdo al curso en cuestión. Para mí ésta es una forma de mutilación cultural.
Las clases estaban divididas en dos segmentos de 50 minutos cada uno con 10 minutos de recreo en medio. Ese recreo daba a los profesores un respiro y permitía a los alumnos socializar entre ellos y establecer amistades. La última clase terminaba a la aceptable hora de 9:25 de la noche.
Las clases ahora duran una hora y media de corrido. Personalmente considero esta posición como anti-pedagógica a pesar de lo que se afirme en el sentido contrario. Existe amplia evidencia e investigación que lo confirma. Una vez más el ansia por ganancia económica y no académica ha cegado las mentes de la Administración.
Entiendo, a partir de información que he recibido, que el Departamento Académico era autónomo en la búsqueda de satisfacer sus necesidades y consecución de sus objetivos, tanto interna como externamente. Por ejemplo, le era posible enviar representantes a diferentes partes del país para llevar a cabo evaluaciones y otras actividades similares, sin necesidad de solicitar permiso de otro departamento. Alguna vez le fue posible, inclusive, coordinar reuniones con los departamentos académicos de sus instituciones hermanas en provincias sin prolegómenos. El libro de texto que había estado en uso desde principios de los 90 fue seleccionado sin intervención alguna de la Administración.
El cambiante panorama de ahora es completamente diferente. Es fácil notar que nadie puede siquiera alzar un dedo sin el consentimiento de la Administración. Cuántas veces se nos ha dicho “Tiene que ir a administración por esto” o en su lugar “Venga después. Permítanos consultarlo primero”. No es un secreto que la relación del ICPNA con sus iguales en provincias es tirante. Debido a estos impases algunos inclusive han optado por cambiar de nombre. Las licencias de trabajo son rutinariamente denegadas, aún cuando se pruebe la seriedad y la necesidad de las mismas. Uno tiene que renunciar, y si el profesor decide regresar, quedar relegado al final de la lista de antigüedad, a pesar de los años de servicio y experiencia.
Estoy dejando para el final una observación en retrospectiva que marcó la línea de conducta del Departamento Académico. Los asuntos serios concernientes a políticas eran decididos CON los profesores. Por razones de espacio citaré sólo un ejemplo. Los puntos del formato de observación que solían estar en boga algunos años atrás fueron producto de la contribución de los mismos profesores. La idea era hacer participar a los profesores en los asuntos que los afectaran directamente. Se hacia un esfuerzo conciente para mantener una línea de autoridad horizontal.
Percibo que lo radicalmente opuesto es lo que tiene validez ahora. No culparé de ello al Departamento Académico. El furibundo ataque de la Administración es muy evidente. Todo efecto tiene una causa y esa causa crece inexorable en las manos represivas de la Administración. Ésta ejercita un control estricto y estrecho sobre el Departamento Académico. Los asuntos de importancia capital tienen que ser usualmente decididos con la Administración y no con los profesores, quienes simplemente reciben órdenes de una línea de autoridad a todas luces vertical.
Es preocupante que uno tenga que hablar en estos términos de una institución que uno desea querer. No puedo anticipar ninguna solución mientras el orgullo desbocado, los egos sobredimensionados, y los incontrolables impulsos por el lucro continúen infectando las mentes de la Administración. ¿Cuándo veremos la ansiada luz que disipe esta oscuridad? ¿Cuándo los derechos humanos básicos de las personas serán reconocidos? El ICPNA, que pretende seguir el legado cultural de los Estados Unidos de Norteamérica, está, en consecuencia, moralmente obligado a seguir los principios de documentos históricos como la Declaración de la Independencia, que proclama rotundamente: “Defendemos estas verdades como evidentes, que todos los hombres son creados iguales, que están dotados por su Creador de ciertos Derechos inalienables, que entre ellos están el Derecho a la Vida, a la Libertad y a la búsqueda de la Felicidad...” ¿Dónde está el ejercicio de la justicia cuando una persona posee varias propiedades en los mejores distritos de Lima, una cantidad de vehículos a su disposición, y un jugoso sueldo mientras otro, al otro lado del espectro, tiene que sobrevivir a duras penas? Duele. Sí, duele profundamente. Inevitablemente llegará el día cuando alguien así tendrá que partir del ICPNA y dejar un legado. Es triste decirlo, pero este legado será escrito en la ignominia, no en la gloria.
The Witness
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Esperamos sus cartas a través de nuestro correo electrónico escarabajo.icpna@gmail.com. El Escarabajo se reserva el derecho de publicación de sus misivas considerando limitaciones de espacio y de lenguaje alturado. Muchas gracias por su colaboración, juntos lo hacemos mejor.
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