Llama poderosamente la atención la inmensa cantidad de errores que profesores y alumnos vienen encontrando en los libros que ahora el ICPNA utiliza para sus niveles básico e intermedio. Hacer una lista de los mismos no sólo sería excesivamente larga si no también necesariamente incompleta pues todavía se están por estrenar libros del nivel intermedio en lo que queda del año. Baste por ahora mencionar que los consabidos y dañinos errores recaen en problemas de edición gráfica, de audio, de video y, especialmente de concepto gramatical y secuencia metodológica. Si Thomson no pone el cuidado necesario para producir sus libros, el ICPNA está obligado a realizar una supervisión exhaustiva de los mismos a fin de resguardar su laboriosamente ganada reputación en los salones, lugar en donde día a día se compite en este difícil mundo de la enseñanza del inglés. Nos preguntamos, además, cuán práctico fue realizar la impresión de la serie Worldlink, nuestros flamantes libros de texto, en Chile y cuán conveniente fue utilizar los servicios de importación de SBS, librería vecina de nuestra sede de Miraflores. En primer lugar, ¿no hubiera sido mejor que Thomson Corporation realizara la impresión de los libros en el Perú, no sólo en razón de los costos si no también por la tan necesaria supervisión de edición por parte del ICPNA?. Y en segundo lugar, ¿es que el ICPNA no puede coordinar una importación a través de tantos operadores de comercio exterior locales, tal como sucedía con los libros de Cambridge University Press de Reino Unido? Urge dedicarle mayor cobertura a este punto tan importante en lo académico e institucional para los intereses del ICPNA, que cada día están más alejados de los intereses de la actual gerencia, lo que nos compromete a investigar al respecto y a poner a su disposición este vocero a través de nuestro correo escarabajo.icpna@gmail.com
Volviendo a nuestra edición de este mes, queremos mostrar, por la vía de la creación literaria y de la investigación bibliográfica, lo que viene sucediendo en nuestra querida institución. Juzgue usted si hemos logrado verbalizar lo que está en cada uno de nosotros.
Artículo de Colaboradores
Permítanme narrarles un cuento. Cualquier parecido con la realidad, es sólo coincidencia literaria.
Maikol Culquipoma y el idioma que habla el mundo
– Señor, a dónde se dirige – le espetó el vigilante en la puerta de vidrio que daba acceso al instituto, un oasis en medio de los vocingleros comercios de alrededores de la avenida Abancay.
– Voy a averiguar sobre cursos de inglés, me han dicho que este instituto es bueno – compartió sus intenciones Maikol.
– Su DNI – le solicitó el vigilante con voz de rutina con un ligero matiz que da el saberse con poder para autorizarte el ingreso o no.
– Por acá debo tenerlo – afirmó instintivamente el potencial estudiante hurgando sus bolsillos infructuosamente – creo que lo he olvidado en mi casa – admitió refiriéndose a su casa en Huanta, ya había tenido problemas con la policía en el ómnibus viniendo a Lima por el dichoso documento.
– Señor, tiene que identificarse – el matiz de poder para autorizar el ingreso o no era más notorio.
– La verdad mi hermano, me he olvidado el DNI en Huanta, ayer llegué de viaje – confesó penosamente Maikol.
– Bueno, pero tiene que traerlo para la próxima – cedió el hacía un instante impertérrito vigilante haciéndose a un lado; al fin y al cabo a un paisano no se le hace problemas, menos cuando está recién bajado.
Ya en la ventanilla de recepción, le informaron a nuestro héroe, con lujo de detalles, todo lo que quería saber sobre los cursos que siempre había querido aprender: inglés, el idioma que habla el mundo. Le informaron hasta de los cursos de niños y lo soportó estoicamente, sin interrumpir ni preguntar, tan ensimismada estaba la señorita informante que le daba pena desconcentrarla. Felizmente la recepcionista informante le dejó llevar el tríptico que había garabateado con líneas y círculos que supuestamente hacían su explicación más clara y visual, pues muchos detalles surcaron el aire a la velocidad del hablar limeño.
– Señorita, ¿me podría prestar su baño? – indagó dubitativo Maikol con la esperanza de poder descargar el peso que lo apremiaba desde que la kombi cruzó la avenida Perú, camino al centro de la ciudad, trayéndolo de la casa de su tío, de triplay y calamina plástica, de donde Lima se acaba y empieza la arena virgen.
– Claro, señor, está acá entrando al patio a la mano izquierda – éso sí se lo entendió claramente, ya la chica no hablaba en tono oficial y su necesidad obligaba.
Agradeció y se dirigió al lugar señalado, ingresó al baño indicado y su sistema olfativo recibió una ofensa equivalente a una cachetada en ambas mejillas. Ni hablar, tenía que entrar, aunque su nariz le marcaba el camino de regreso afuera, donde el aire no estuviera tan cargado de urea y amoniaco. Las paredes del recinto eran de cemento que nunca había sabido de la existencia de pintura y, de a pocos, había logrado una coloración pardusca de edificio en construcción, de depósito urbano. Al fondo avistó un urinario, una paila rectangular, también hecha de cemento más amarillento que el de las paredes y se dirigió presuroso bajándose el cierre del pantalón, apurando el proceso que, en circunstancias normales, sería casi una ceremonia para él. El urinario que tenía que usar le hacía recordar a otros del camino serrano que recorrió para llegar a la capital; la paila-urinario estaba premunida de un tubo con orificios que algún momento debía irrigar y drenar la orina que los estudiantes, y ahora Maikol, derramaban perentoriamente urgidos por la naturaleza; intentó abrir la válvula, no había agua.
Una vez afuera del baño, se dirigió a agradecer a la señorita de recepción, de paso que le hacía algún comentario sobre su traumática experiencia olfativa, pero se cruzó, casi estrelló, con una pareja de hombres que pasaron sin haberse percatado que casi lo habían atropellado, especialmente el más grande y gordo de los dos; a decir verdad, más gordo que grande el individuo, que contrastaba claramente con su acompañante no sólo por la diferencia de estatura, si no también por el color de la piel y la actitud más relajada; el matiz de su voz estaba cargado de la autoridad de quien se sabe con poder para autorizar tu ingreso y salida de su compañía, omnímodo poder local. Maikol, fiel a su afición por la conversación ajena, no dijo nada pero se ubicó estratégicamente para escuchar lo que hablaban. Le llamaba la atención no sólo el hombre de vestimenta casual, tez clara, ojos verdosos y mirada de dueño de establo, si no también el otro hombre, pequeño de estatura, enfundado en un terno oscuro que seguramente encontró en alguna sección de niños, en esas tiendas que ofrecen vestimenta para graduaciones y primeras comuniones y que saludaba a mujer que cruzara palabra con él con besos en ambas mejillas, jalándola de los brazos suavemente hacia abajo para no empinar demasiado su corta humanidad que hacía juego con su breve cabellera hirsuta que recordaba a los cepillos de alisar caballos, -- un Acakurpa – lo bautizó el quechua-hablante oyente furtivo, pues le recordó a las bolitas que empujan los escarabajos allá en su Huanta natal.
– ¿Y como quedó ese asunto de transferencia de personal a la nueva empresa? – quería saber el más alto de los dos, mientras se restregaba las manos regordetas, gesto que remarcaba la ambición que sus ojos anunciaban por la vida.
– Todo va muy bien, doctor – el hombre pequeñito se mostró satisfecho -- ya el cambio de razón social se realizó y todos los trabajadores firmaron su carta de renuncia y las nuevas planillas para el ministerio – informó con tono burócrata – sus liquidaciones fueron de sólo 400 soles per cápita – agregó tornándose técnico.
– Ya déjate de hablar en difícil, ¿hiciste la transferencia a tiempo? No quiero tener que hacer a esta gente estable, ya bastante tengo con los profesores – casi gritó el supuesto doctor – esos cholos deberían estar agradecidos que todavía les damos chamba a todos, deberíamos reducir el personal de limpieza a la mitad, las ganancias están bajas – el matiz de poder para autorizar tu ingreso y salida de su compañía, su establo, se acentuó hasta llegar a ser el tono de voz dominante e inapelable con que acostumbraba a dar un tema por terminado.
– Sí, doctor, todo está en regla – se apresuró a asentir el hombrecito para tranquilizar a su interlocutor; ya no se daba por aludido a las choleadas de su superior, su terno lo diferenciaba de ellos, pero no pudo evitar dejar de empinarse.
La conversación se ponía interesante, pero los dos hombres avistaron un automóvil del año que se estaba estacionando en la cancha de básquet colindante con el patio de los baños del trauma nasal y se dirigieron presurosos a abordarlo mientras el chofer se apeaba y abría la puerta trasera mientras saludaba genuflexo a los personajes cuyo contraste impresionaba a quien no supiera de los entretelones del instituto en el que Maikol tenía la esperanza de obtener alguna ayuda para estudiar inglés, el idioma que habla el mundo.
Otra vez en la calle, en dirección a la Plaza Dos de Mayo, Maikol caminaba meditabundo sin poder sacar de su sistema el trauma olfativo ni de su mente el encuentro furtivo con la pareja de personajes que al parecer decidían la vida y milagros de los que trabajaban en el instituto.
-- No creo que acá den becas a gente necesitada – pensó en voz alta. Se alejó leyendo el tríptico garabateado preguntándose lo que significaría la frase que encontró al final de su lectura: “institución sin fines de lucro”, quizás la próxima vez la señorita de recepción se lo podría explicar.
Terra Nostra
Artículo Invitado
Terra Nostra
Artículo Invitado
Queremos hoy compartir un resumen de las recomendaciones de un libro que debe estar en la cabecera de quienes, por ahora, dirigen los canales oficiales de nuestra institución.

A continuación una pequeña recopilación de consejos prácticos y elementales sobre como gestionar y dirigir de forma efectiva:
-Evita por todo los medios que tus subordinados obtengan poder. Se trataría de poder que perderías tú y tarde o temprano intentarían ocupar tu puesto.
-Evita contratar gente con talento. Las personas con talento no permiten que se las controle, pretenderán solucionar los problemas con sus métodos personales, dejándote a tí en evidencia. En caso de que a pesar de tus precauciones, caiga en tu equipo una persona con talento hazle la vida imposible y corta todas sus vias de comunicación para intentar conjurar el peligro.
-No te duermas en los laureles. Una vez conseguido formar un equipo sin ningún talento, no caigas en el error de dar formación a tus subordinados o tendrás problemas en el futuro. También es importante filtrarles la máxima cantidad de información posible, y sólo permitir el acceso a la información imprescindible. Pero que en ningún caso una persona tenga una visión completa de ningún proceso, de las actividades de la empresa y aún menos de sus objetivos.
-Nunca establezcas objetivos claros. Pues en caso de que alguien consiga alcanzarlos no tendrás más remedio que reconocérselo. De igual manera procura que tus subordinados no conozcan los objetivos de la empresa, éste sería el primer paso para que comenzaran a cuestionar tus ordenes y personales métodos para conseguir alcanzarlos.
-No hagas caso a los gurús. Olvídate de eso de "actuar como líder", "motivar al equipo" y demás conceptos huecos, que sólo sirven para que se ganen la vida los consultores. Contratas a la gente para trabajar, su vida personal y sus problemas que se los dejen en casa.
-No te preocupes por la fidelidad de la plantilla. ¿para que sirve eso?. Si se van gratis te ahorras los gastos y el mal trago de despedirlos.
-Evita cualquier cambio, sea del tipo que sea. Si funciona no lo toques. Si has llegado hasta donde estás haciendo las cosas de una manera, no lo estarás haciendo tan mal. ¿Porqué arriesgarse a cambiar?.
-Deja la innovación y la creatividad para la universidad. Una empresa está para ganar dinero. ¡Que inventen otros!, ¡los experimentos con gaseosa!.
-Delega responsabilidad pero nunca control. El control es tuyo no lo cedas, la culpa siempre es de los otros. Por supuesto nunca reconozcas un error.
-Cuidado con el trabajo en equipo. Divide y vencerás, si se unen lo harán contra ti. Es mejor provocar la competencia interna entre los subordinados. Un buen truco es encargarles por separado la misma tarea a varios, esto acabará sembrando desconfianza y mal rollo entre ellos y "en río revuelto ganancia de pescadores".
-No permitas que tus subordinados te vengan con "malas noticias". El único objetivo detrás de eso es la delegación inversa, intentan transferirte a ti la culpa.
-Tienes que conseguir flexibilidad y versatilidad. Pero no te preocupes: ¡Es fácil!, encarga reparar la fuga de la tubería al electricista, diseñar el cuadro de protección de la máquina al carpintero, descargar los camiones de materias primas a los programadores y programar los PLC´s al fontanero.
-Gestiona el presente, el futuro todavía no ha llegado. Si no obtienes los mejores resultados ahora, en el futuro a lo mejor no estarás en la empresa. Así que NUNCA caigas en la tentación de pensar en el futuro, NUNCA sacrifiques ni un minuto ni un centimo de euro para obtener ganancias en el futuro o a lo mejor esas ganancias las cosecha otro.
Aplicando estos consejos quizás no obtengas los mejores resultados para la empresa en la que trabajas, pero seguro que darás un impulso a tu brillante carrera como ejecutivo (si los que están en la cima de su carrera profesional actuan así, será que funciona ¿no?).
Herramientas de Trabajo
He aquí un libro que pensamos puede establecer la diferencia entre lo que venimos viviendo y lo que los expertos en recursos humanos recomiendan para este mundo competitivo.
LA MOTIVACIÓN DEL PERSONAL DE SU EMPRESA Nancy Stevenson (Pearson Educación). Precio:11,45 € ($16,38). Idioma: Español. ISBN: 8420530611. ISBN-13: 9788420530611. 176 p. : il. ; 21x14 cm.
1. ¿Qué motiva a la gente?
Herramientas de Trabajo
He aquí un libro que pensamos puede establecer la diferencia entre lo que venimos viviendo y lo que los expertos en recursos humanos recomiendan para este mundo competitivo.
LA MOTIVACIÓN DEL PERSONAL DE SU EMPRESA Nancy Stevenson (Pearson Educación). Precio:11,45 € ($16,38). Idioma: Español. ISBN: 8420530611. ISBN-13: 9788420530611. 176 p. : il. ; 21x14 cm.1. ¿Qué motiva a la gente?
2. Ocuparse de lo fundamental?
3. Crear un buen ambiente.
4. Proporcionarles lo que necesitan para triunfar.
5. ¡Adelante el equipo!.
6. Celebrar una fiesta.
7. Hacer regalos.
8. Salir de la oficina.
9. ¡A casa!.
10. El reconocimiento de los logros.
11. Implicar a los demás en la innovación.
12. Proporcionar retos.
13. Compartir el éxito.
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Ofrece una ayuda simple y práctica para las personas ocupadas que necesitan resultados inmediatos. A través de sus lecciones, dirigidas a la obtención de una meta, aprenderá todas las técnicas necesarias para motivar a su equipo y obtener resultados rápidamente.
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