miércoles, 28 de mayo de 2008

Mayo 2008 Año 1 Número 8


Editorial
Un buen día llegó información a nuestra redacción que hacía suponer que los portadores de la misma podrían estar desarrollando un virus informativo que invadiría nuestro organismo periodístico, desapareciendo después de un tiempo prudencial, dejando sólo el ánimo maltrecho y la actitud desgastada, tal como sucede cuando nos encontramos con falsas alarmas. Sin embargo, en plena ebullición viral, nos encontramos con la desapacible sorpresa que la información que invadía nuestros claustros virtuales no era un virus, era una bacteria. Que una bacteria ha ingresado a nuestra institución no es novedad para nadie, pero que esa bacteria haya crecido hasta los niveles que la información llegada a nosotros confirma, es escandaloso. A saber: el actual director general de nuestra institución posee dos propiedades en el distrito de San Isidro que, conjuntamente, se elevan a casi UN MILLÓN DE DÓLARES. La primera de las casas en mención se adquirió por vía crediticia a un plazo de 5 años, y la segunda ha pasado por un proceso de remodelación arquitectónica que se adiciona a su valor de compra. Esta información es de carácter público, ya que se encuentra debidamente registrada en la OFICINA REGISTRAL DE LIMA Y CALLAO en PARTIDA REGISTRAL 49060609 y PARTIDA REGISTRAL 41245689. Y es que la propiedad como institución legal no es delito – la defendemos como una de las bases de nuestro sistema social -, pero la propiedad, si es que no es heredada, va estrechamente ligada a la capacidad adquisitiva del propietario, después de impuestos. La valorización de compra de la propiedad inmobiliaria de nuestro director general nos lleva a la lógica conclusión que los honorarios del mismo van más allá de lo que cualquier trabajador del ICPNA hubiera imaginado bajo los efectos del más poderoso de los alucinógenos, honorarios que no se ven afectados por los múltiples errores de conducción gerencial de nuestro ICPNA (baste preguntarle a Guillermo del Río Pérez-Guanilo al respecto, ver más abajo). El problema se encuentra ahora en saber si debemos sentirnos ofendidos al comparar nuestros sueldos al de este señor o si debemos buscar la extirpación de la bacteria que viene sangrando internamente al ICPNA, dejándolo sin fuerza suficiente para aumentar a sus docentes más allá de los TRES CENTAVOS que viene ofreciéndoles este premunido señor.





Colaboración de Guillermo del Río Pérez-Guanilo
(segundo error ICPNA)

La gerencia ICPNA empezó su expansión con la sede del distrito de San Miguel allá por el año 1997 con un éxito interesante; sin embargo, a menos de 10 años de su apertura, la torre de 16 pisos y su aledaña de 8 sólo ven sus aulas llenas en un solo horario vespertino, sequía de alumnado que en parte se explica (en un 33%) con la llegada de un nuevo local en el cono norte de la gran Lima, cerca al centro comercial que más vende hoy por hoy. Cabe mencionar que, antes de Lima Norte, la gerencia decidió apostar por un nuevo local en el distrito de La Molina, frente a la Universidad de Lima, en lugar de aventurarse en la zona norte de la ciudad. El local molinero demostró ser un error de cálculo fenomenal ya que las matrículas no subieron como sí sucedió, años después, en su homólogo del distrito de Independencia. Con un retraso de 3 años, la dirección ICPNA lanzó finalmente su pequeño local en la zona norte de la ciudad, previsiblemente fue todo un boom de matrículas.
Sin embargo, lo que debería haber sido un éxito de portada de revista de negocios, se empaña y empieza a perder piso por un “detalle” que se torna cada día más grave: la contaminación ambiental de la zona donde el nuevo local se ubica. La gerencia pensó, quizás, que era suficiente con conseguir un buen precio en el terreno sin importar lo demás, craso error. Dos razones para mi afirmación: por un lado, los precios de terrenos en zona industrial son más caros que en otras zonas, por lo que mal puede afirmarse que ese terreno en el Cono Norte, al costado de ETNA (inquilino de esa zona por 75 años), pueda haber sido barato, por lo menos abrigo serias dudas al respecto; por otro lado, en estos tiempos en que la gerencia ambiental ya es un punto central en cualquier empresa, el no considerar las consecuencias de ubicar un local educativo en zona industrial activa es suicida y muestra, entre otras cosas, un gran desprecio por el servicio al cliente.
Quiero además hacer una atingencia respecto a la estrategia de crecimiento que la gerencia ICPNA se ha planteado, basándose en la persecución de su más cercano competidor. Es casi conmovedor ver cómo el líder (ICPNA) persigue al segundo en el mercado (Británico). Si nunca hubiéramos visto a un perro perseguir a su cola, no habría nada malo en ubicar locales cerca del más cercano competidor - no recuerdo haber visto a la universidad Católica ubicar locales fuera de su ciudad universitaria, so pretexto de buscar alumnos en su zona de residencia, tal como lo hace la universidad San Martín -. Sin embargo, mientras el Británico siembra Lima con locales pequeños, de inversión manejable, el ICPNA erige edificios con gran número de salones, confiando seguramente en su capacidad de convocatoria, corriendo el riesgo innecesario de tener salones vacíos durante largos períodos del día, por ende, romper sus tasas internas de retorno y quedando a merced de su banco. ¿Está dispuesto el ICPNA a cargar con capacidad ociosa cuando sus ramificaciones le acarreen lastres muy pesados a sus locales estrella?
Por otro lado, no deja de llamar la atención a la ética empresarial saber que la gerencia de la constructora que siempre obtiene la buena pro de las aventuras inmobiliarias del ICPNA tiene conexión directa, de carácter sanguíneo, con el presidente de directorio de la institución educativa. ¿Es que el directorio cree que esos datos no salen a la luz pública en estos tiempos de información pronta?

Guillermo del Río Pérez-Guanilo



Colaboración de Libertad
Es sabido por todos los que son el verdadero motor generador de los ingresos, prestigio y aceptación de los que el ICPNA todavía goza en el campo de la enseñanza del idioma Inglés que la presente administración está avasallando, hasta ahora impunemente, no solo sus derechos laborales sino inclusive sus derechos humanos más elementales, como es el caso de los que laboran en la “sede industrial” ubicada en el distrito de Independencia.
La pregunta es ¿Porqué permanecen inactivos y no toman control de la situación haciendo que el ahora director general y los incondicionales ejecutores de sus deseos entiendan que hay límites que deben respetar? Creo tener la respuesta, o por lo menos, parte de ella: nuestro director general ha logrado infundir en los trabajadores el temor a ser víctima del uso abusivo de sus facultades de gestión y administración traducido en arbitrariedades tales como sanciones irracionales, traslados a “Siberia” (léase Lima Norte) de quienes osan expresar opiniones en contra de su “sagrada voluntad”, despidos arbitrarios, entre otros. Este temor se suma al desconocimiento de los derechos laborales y leyes que los amparan. Mi objetivo es informar acerca de los mismos y contrarrestar, en alguna medida, la sombra de temor paralizante que se cierne sobre los trabajadores ICPNA.
Empecemos analizando las sanciones administradas por la institución y, posteriormente, las acciones a las que estamos facultados. Primeramente, es bueno recordar el artículo 9° de la Nueva Ley de Productividad y Competitividad Laboral, artículo favorito de la administración ICPNA, que a la letra reza: “Por la subordinación, el trabajador presta sus servicios bajo dirección de su empleador, el cual tiene facultades para normar reglamentariamente las labores, dictar las órdenes necesarias para la ejecución de las mismas, y sancionar disciplinariamente, dentro de los límites de la razonabilidad, cualquier infracción o incumplimiento de las obligaciones a cargo del trabajador…” Pues bien, es verdad que el empleador está facultado legalmente a sancionar al trabajador que incumpla con sus obligaciones, pero dichas sanciones son legales únicamente si cumplen con los siguientes criterios. Primero, debe tratarse realmente de obligaciones incumplidas a cargo de los trabajadores. Segundo, las sanciones a aplicarse deben ser razonables; vale decir, la sanción debe ser proporcional a la infracción que se pretende castigar. Tercero, el objetivo de la sanción disciplinaria es la prevención de un hecho similar en el futuro. Cuarto, la aplicación de la sanción debe seguir un procedimiento establecido en el reglamento de trabajo, el mismo que normalmente incluye medidas graduadas, como amonestaciones verbales y escritas previas a una suspensión.
Los invito a analizar si las sanciones aplicadas por nuestros administradores, tan faltos de conocimientos con respecto al adecuado manejo de personal, se adecuan a los criterios antes descritos. De no ser así, hay procedimientos a seguir, pero, para no extendernos demasiado, ellos serán objeto de otro artículo.

Libertad



Estiramos el cuello y vimos que…
– El Asesor legal ICPNA habría sido alguna vez vocal superior de sala laboral, por ende favorable a los trabajadores, como lo exige la labor jurisdiccional. Cómo has cambiado, pelona.
– Continúan los cambios intempestivos a Lima Norte, sin consulta previa ni ningún análisis costo beneficio del docente. Ahora quieren poner extranjeros por allá. ¿A Great Place to Work Cholo?
– El sindicato de docentes cumpliría los deseos de los canales oficiales si aceptara ir al arbitraje. ¿Recordarán la experiencia negativa de arbitraje del Sindicato de Profesores de Lima?



Concurso de Edición
Este constructivo concurso de edición (o corrección para ser más exactos) nace a raíz de la evidente necesidad de revisión concienzuda de los documentos contenidos en el Libro Guía de la 3ra. Conferencia Internacional ELT Horizons publicada oficialmente por el Instituto Cultural Peruano Norteamericano, la misma que será de uso general de todos los participantes. Nuestro concurso consiste en encontrar todos los errores de escritura (sentence structure, grammar, spelling, mechanics, punctuation, missing words, etc.) que podamos desde la página 63 a la 68 correspondientes al Reflection de la Dirección Académica.
Favor hacer llegar su lista, indicando párrafo y línea, a la brevedad posible a nuestro correo electrónico (la conferencia ELT Horizons arranca el 29 de mayo). El premio sorpresa se hará de conocimiento exclusivo del lector ganador al final de la mencionada conferencia internacional. Suerte acuciosos correctores.


Mensajes de Nuestros Lectores

Excelente.





Algo para sonreír




Estamos orgullosos de nuestra sigla ICPNA y no nos faltan razones pues la tradición y lo que queda de su reputación nos respaldan. Sin embargo, les pido me acompañen en un corto viaje elucubrando posibles escenarios. Imaginemos que el INC nos retira la condición de institución abocada al apoyo del mundo cultural ya sea porque nuestras galerías muestran las mismas fotos y pinturas o porque los dos vetustos anfiteatros son meros locales de alquiler a punto de ser declarados inseguros por defensa civil. Nuestra sigla se reduciría a IPNA. Siguiendo el ejercicio, podemos imaginarnos que los encargados de imagen en la embajada norteamericana de Lima despiertan de su largo sopor y persuaden a la secretaría de estado de su país que es del mayor interés de los EEUU el exigir a nuestra institución se abstenga de mostrar en su nombre, logo, y escudo cualquier referencia al país del norte, que ya bastante tienen con sus guerras y otros descréditos para dejar que uno de tantos centros binacionales maltrate su nombre y bandera – sí, la que está a la derecha del escudo -. Nuestra sigla sería IP. Pues bien, no cuesta nada exprimir un cachito más el cerebro para imaginar al Ministerio de Educación quitándonos el título de instituto; que cuando esta institución se creó, las reglamentaciones al respecto casi no existían, ahora todos tienen que regularizar su situación y nuestra institución parece no llegar a instituto.
Nuestra sigla se tornaría en una simple y llana P. P de parodia, P de perfidia, P de pírrico, P de postergado, P de pu…!

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